17 mayo, 2008

Rutas - Torre Negra Panta de Can Borrell

Torre Negra Panta de Can Borrell

Aparcamos e iniciamos en la gran plaza verde entre la Avenida de las Corts Catalanas y la calle de Josep Puig y Cadafalch de Sant Cugat y nos dirigimos hacia la Plaça Rotary International (hay una fuente). Ahora hay que bajar a la izquierda por la pista de Can Borrell y Sant Medir, pasando la cadena que impide el paso de vehículos. Se vadea la riera de Sant Medir, que no siempre lleva agua pero en esta ocasión si gracias a las lluvias recientes, y se continúa por la ancha pista en dirección sureste. Enseguida se entra en el parc de Collserola. Se pasa al lado del pino d'En Xandri, un monumental ejemplar de pino piñonero de más de doscientos años de vida. La pista describe zigzags con subidas relativamente suaves hasta salir delante de Can Borrell, habiendo pasado una cadena y dejado, a la izquierda, un desvío que conduce a la carretera de Cerdanyola del Vallès a Horta.

Por detrás de Can Borrrell vemos un desvió que sube a la derecha y es el que se dirije tanto al Pantano de Can Borrell asi como a un nucleo poblado ( Sol y Aire ) y este a su vez tiene salida a la carretera de la Arrabasada. Seguimos los indicadores hasta que nos hace desviar a la Izquierda y bajando ahora hasta otro indicador que nos manda a la izquierda. Ya estamos cerca, el pantano esta muy escondido pero se puede rodear para obserbarlo. Nosotros lo bordeamos y una vez al llegar a la presa , la cruzamos . Ya al otro lado , un sendero sube hasta encontrarse de nuevo con la pista anterior. Esta nos lleva a Can Borrell. Deshacemos el camino hasta el pino d'En Xandri y cerca de allí nos desviamos hacia la Torre Negra, es fácil llegar. Después desde la parte superior otro sendero nos permite retornar hacia Sant Cugat.

Seguid el plano y disfrutad de la ruta, aproximadamente 8 km toda la vuelta.

02 mayo, 2008

Rutas - Can Portell - Ermita del Erola - Iglesia de Sant Llop

HORTSAVINYÀ 03052008
Partimos del Centro de Información del Parque Natural y vamos frente La iglesia de Sant Llop .
Desde aquí tenemos una bonita panorámica del vecindario central del término de Hortsavinyà, con las masías reformadas de can Borra y can Benet Vives (l'Esplai) y la colina de la Grimola. Bajamos los escalones hasta la era de la rectoría y tomamos un sendero que sale por la derecha, baja junto a los muros de piedra de los huertos del rector y sigue hasta un camino más amplio que seguiremos por la derecha, rodeados de encinas con algún pino, madroño y el sotobosque típico de las encinas. Más abajo, cuando llegamos al hoyo, encontramos a mano izquierda laureles, aladierno, ciruelos y un gran chopo, de una altura y anchura de tronco remarcables. Es el mismo hoyo en el que más tarde encontraremos las encinas monumentales. A partir de aquí, el camino sube hasta llevarnos a la pista, justo donde se encuentra el horno de calcio de can Pía.
Seguimos hacia la izquierda por la pista ancha, pasando frente a los campos y el alijamiento de turismo rural de can Pica, hasta el cruce de caminos llamado "el bitllador", de donde viene el antiguo camino de Calella y de donde sale el camino hacia can Portell, que será el que tomaremos. Vemos a la izquierda una mina de cobre de unos catorce metros de profundidad, y a la derecha los huertos de can Portell, masía de inicios del siglo XIX que actualmente ofrece servicio de bar y restaurante.
A pocos metros de la casa, tiramos sendero arriba hasta la carena, y después abajo hasta las encinas.



Las encinas de Can Portell - Se trata de cuatro encinas centenarias que crecen muy cerca una de otra, en el hoyo d'en Pica. De la más grande sólo quedan los primeros metros de tronco, ya que en 1996 fue abatida por un rayo y cayó sobre la encina que le queda delante, dejándola inclinada y muy tocada. Algo más abajo había habido otra aún mayor que también se partió por culpa de un rayo hacia finales de los años 30. Regresamos al camino más amplio y vamos hacia arriba por la derecha. Más adelante vemos la iglesia elevada y el campanario apuntando hacia el cielo. La pista sigue hacia arriba y nos vemos obligados a esquivar un desnivel muy repentino por un tramo de uno de los antiguos caminos de bosque. Regresamos al camino amplio y, poco más allá, encontramos el Roc del Gamarús, una roca de piedra calcárea de 17 metros de altura en la que, probablemente, debía de reposar hace tiempo durante el día, o quizá cantar durante la noche, el cárabo, un pájaro nocturno muy abundante en el Montnegre. Ya llegamos de nuevo a la Iglesia de Sant Llop.
Ahora tomamos camino hacia La ermita de la Erola.
Ttomamos la pista que sube hasta el collado del Hostal o del Vent, también llamado así porque en este lugar suele soplar el viento con fuerza.
Seguimos la pista rodeada de encinas y, poco más allá, a mano izquierda, bajo el camino, encontramos un pequeño rellano llamado la plaza de la Comarca. ( Plaza Carbonera ).
Continuamos el camino a la sombra de las encinas, y también de algunos castaños, arbustos y mostellares de pastor. Tardaremos entre 5 y 10 minutos -a paso de payés o de paseo- hasta llegar al lugar en el que el camino se ensancha y hace una especie de plaza, donde vemos la ermita de l'Erola.
Según dicen, hace muchos años hubo una epidemia de viruela "que s'enduia al sot" ("que se llevaba a la tumba") a los jóvenes y mayores de las masías de Hortsavinyà. Un forastero al que nadie conocía trajo una imagen de la Madre de Dios de l'Erola y la dejó allá, en el suelo. Dijo a la gente que si iban a descansar allí se curarían de la viruela. Y todos los que fueron se curaron. La gente consideró aquello como un milagro de la Madre de Dios y le construyó la ermita. La construcción es del siglo XVIII y es posible que su situación tenga alguna relación con el hecho de que por aquel lugar pasaba la línea que dividía los términos de la parroquia de Hortsavinyà y la de Vallmanya.
Volvemos por el mismo camino, pero al llegar al collado del Vent subimos a la colina del Hostal, a unos 80 metros. Arriba, en un amplio llano de la carena, podremos disfrutar de una excelente panorámica, tanto a levante como a poniente.
A levante vemos a nuestros pies las masías de Mascaró, Fontrodona y la Busiga, y más allá can Camps y la Caseta, en el collado del Portell. Más allá de las encinas, los cultivos de Tordera y Fogars de Tordera, las sierras de Cadiretes, las Gavarres, los Àngels -por encima de Gerona-, Rocacorba, los precipicios de Sant Roc de la Barroca, las Guillerías -donde destaca el puntiagudo Sant Gregori sobre Osor- y, en días claros, las Alberes, Bassegoda, Comanegra y, por fin, fáciles de distinguir durante los meses invernales por el blanco de la nieve, Canigó, Bastiments y Puigmal.
A poniente observaremos otras masías del centro de Hortsavinyà -can Borra y can Benet Vives-, y el inicio de las perchadas de castaños en la umbría de la colina de la Grimola.
Seguimos la pista amplia, rodeada de pinos y encinas a la izquierda y de ciruelos de madroño a la derecha. Allá donde acaba la pista nace un sendero que nos acerca al collado de las Palomeres, a la pista que enlaza Hortsavinyà con Tordera. Aquí debemos girar hacia la izquierda y volver al Hostal Viejo, rehabilitado recientemente como Centro de Información del Parque Natural del Montnegre y el Corredor.
Seguid el plano y disfrutad de la ruta, aproximadamente 5 km toda la vuelta.

26 abril, 2008

Rutas - Les Fonts de Rellinars y la Pedra Seca

Rellinars - PedraSeca - les Fonts
El punto de salida es la plaza que se encuentra delante del edificio del Ayuntamiento de Rellinars, en la calle dels Turots. Debemos bajar unas escaleras que nos conducen a la calle de Sant Pere y girar a la derecha. Seguiremos la calle, desde donde podremos ver a nuestra izquierda la iglesia vieja de Sant Pere y Sant Fermí. Continuaremos bajando en dirección a Les Fonts de Rellinars. Tomamos la calle de Mossèn Emili Riera, rodearemos La Fàbrica (empresa textil aún en funcionamiento), cruzaremos el puente de la riera, pasaremos por debajo de un acueducto y tomaremos el camino que gira justo después hacia la derecha. Caminaremos por este camino, que nos muestra a cada paso la espléndida vegetación de Rellinars. Encontraremos unas marcas de GR, que iremos siguiendo. Por el camino veremos a nuestra derecha, junto a unas terrazas de huertos, la Balma d’Andaló, una gruta a la que podemos bajar desde la curva que tenemos delante. Seguiremos el camino hasta llegar a otra curva, donde debemos abandonar las indicaciones de GR y seguir nuestro camino, que gira a la derecha. Desde este punto podemos disfrutar de unas buenas vistas de la montaña de Montserrat. Continuaremos por el camino, que después de una curva a la izquierda sigue paralelo a la riera de Rellinars.



Llegaremos a unas escaleras (a la derecha) que descienden hacia les Fonts de Rellinars y a la riera, donde podremos descansar, refrescarnos y gozar de la tranquilidad del paraje. Para volver al pueblo podemos tomar el mismo camino. No obstante, los más aventureros pueden regresar por un sendero, pequeño y salvaje, que se encuentra justo al lado de las escaleras y que corre en paralelo a un canal de riego. Caminaremos con la riera a la izquierda y el canal a la derecha, con vegetación y fauna típicas de ribera. Llegamos a un punto en el que debemos dejar el canal y tomar un caminito que baja a la izquierda hacia la riera. Tendremos que cruzar la riera (¡cuidado con los pies!) y seguir el camino que sube al otro lado. Seguiremos este camino, que nos conducirá hasta las pistas polideportivas.
En el itinerario de la piedra seca podemos descubrir el pasado vitícola de Rellinars a partir del patrimonio arquitectónico y paisajístico que nos han dejado las anteriores generaciones. Iniciamos la excursión en el aparcamiento que encontramos en la iglesia de Sant Pere y Sant Fermí. Detrás de la misma, al final del asfaltado, tomamos la pista que va a parar al torrente de la Font d'en Sala, a mano izquierda, siguiendo el mojón de color violeta. Estos mojones nos guiarán a lo largo del itinerario. Cruzamos el torrente por un pequeño puente de piedra y pasamos por el centro de dos de las masías más antiguas y emblemáticas de Rellinars: el Gibert de Baix (izquierda) y las Ferreres (derecha).
Superadas las masías, la pista va a parar al torrente del Esbarzer, que atravesamos para remontar su curso por el margen izquierdo. Mientras caminamos, admiramos la espléndida masía del Gibert de Dalt, elevada al otro lado del torrente. Después de cruzar el torrente en dos ocasiones más, encontramos un mojón que nos indica la presencia de una barraca. Para visitarla tomamos el sendero que queda a mano izquierda. Llegados a la barraca observamos, unos metros más allá de la puerta, una segunda barraca e incluso una tercera a la derecha y, desde la parte posterior, las paredes de roca de la colina que queda delante de nosotros.
La barraca de Pere Baqué
Este conjunto de construcciones está relacionado con el cultivo de la vid que durante el siglo XVIII se extendió por las tierras llanas de Rellinars. En el siglo XIX, la creciente demanda de vino obligó a ocupar terrenos cada vez más marginales de relieves y suelos magros. En este sentido, las paredes de roca permitían reutilizar las rocas extraídas del terreno para nivelar y drenar el bancal evitando el arrastre de suelo tierra abajo. Las barracas eran imprescindibles si tenemos en cuenta que los nuevos campos de vid quedaban cada vez más lejos del pueblo o de la masía en la que residía el payés, y que las labores relacionadas con este cultivo requieren una atención constante: labrar o cavar más de una vez al año, podar, purgar las cepas, azufrar, vendimiar… Las barracas se convertían, pues, en almacenes para guardar las herramientas y en lugares de cobijo para compensar el rigor estival, los temporales, o para descansar a tomar algo durante las largas jornadas. Las condiciones térmicas y las chimeneas de muchas barracas así nos lo confirman.
Retomamos la pista y, mientras seguimos remontando el torrente, nos damos cuenta del patrón que caracteriza el paisaje: colinas bajas, rocosas y de bastante pendiente combinadas con torrentes secos y encajados. Mientras caminamos y observamos el paisaje, encontramos un mojón que nos indica la situación de otra barraca. Para visitarla bajamos unos metros por el sendero de mano derecha.
La barraca de Ramon del Gibert de Baix
El aspecto austero de estas pequeñas edificaciones (una planta circular o rectangular) esconde una complejidad técnica considerable que podemos analizar observándolas tanto desde el exterior como desde el interior. El muro se construye a partir de hileras de piedras rectangulares escogidas en el mismo entorno. La inestabilidad derivada de las irregularidades de las piedras se resuelve mediante pequeñas piedras angulosas colocadas a presión, que, haciendo de cuña, compactan todo el conjunto. La cúpula es el elemento más complejo y determina la anchura del muro que tiene que soportarlo. Se construye de forma similar al muro, pero en este caso las hileras de piedra se disponen de manera que salgan hacia el interior para cerrar el conjunto. La ligera inclinación de las hileras hacia el exterior y la cornisa permiten escupir el agua. Finalmente, la vuelta se cubría de tierra para mejorar la impermeabilización. Existen diversas soluciones técnicas para la abertura del portal, pero la mayor parte se resuelve a partir de un dintel de losa. En muchos casos, la barraca cuenta con algunos estantes en su interior y con una pequeña abertura para mirar al exterior. Volvemos a la pista. Unos metros más adelante observamos, elevada delante de nosotros, una barraca circular. Definitivamente, los restos arquitectónicos y el paisaje aún muestran el alcance que en otros tiempos tuvo la actividad vitícola en Rellinars. Cuando nos acercamos a la barraca, la pista se bifurca. Tomamos el itinerario de mano derecha y, dejando a la izquierda una valla verde, cruzamos el torrente de la Font del Bosc. Ahora la pista remonta por el torrente de Casajoana, cruzando el curso en diversas ocasiones. A medida que subimos, podemos observar, en el margen izquierdo del camino, diversos fragmentos de muros y alguna barraca de piedra seca medio en ruinas e, incluso, los restos de lo que ha dado en llamarse el Casot, indicado con un mojón.
El Casot, estas misteriosas ruinas construidas también siguiendo la técnica de la piedra seca son más antiguas que las barracas. El origen y función de esta construcción es un misterio de difícil solución, ya que no exixte ningún documento que nos hable de ella y, probablemente, formaba parte de una construcción mayor. Sea como fuere, su estructura, con cinco niveles de muros circulares de más de un metro de anchura, puede pertenecer a una antigua torre de vigía. En cualquier caso, parece que sólo podremos conocer estos restos mediante excavaciones arqueológicas. A la misma altura del Casot, pero unos metros más a la derecha, observamos dos barracas adosadas de planta rectangular.
Seguimos el itinerario y, unos metros más adelante, nos disponemos a cruzar el torrente, desde donde podemos observar diversos fragmentos de muros y dos barracas más: una, la más cercana, a la derecha del camino; la otra, en la vertiente izquierda, bastante más elevada. Algo más adelante encontramos aún otra barraca a la izquierda, algo apartada del camino. Cerca de esta barraca encontramos un desvío a mano izquierda que va a parar a la fuente del Càntir, donde podremos descansar, tomar algo y beber algo de agua bajo la sombra de una cueva.
La fuente del Càntir se encuentra en el interior de una cueva bastante profunda modelada por los agentes erosivos a lo largo de miles de años. Fijaos en los restos de muros, también de "piedra seca" a la derecha de la entrada. Estas cavidades fueron aprovechadas durante la Edad Media para construir con facilidad (sólo tenían que trabajar un muro) habitáculos diversos: corrales, lugares de resguardo, masías, etc. De esta cueva no se sabe nada a ciencia cierta, pero teniendo en cuenta su altura y la precariedad de los muros, es posible pensar que, en otro tiempo, fuera un corral o un lugar de resguardo vinculado a la masía de Casajoana. Por otra parte, el cántaro enganchado boca abajo al techo de la cueva aprovecha una grieta de la roca por la que se infiltra el agua de lluvia, colándose de manera lenta pero constante.
Deshacemos el camino de la fuente y volvemos a la pista dirigiéndonos a la masía que podemos ver elevada a la derecha. Pocos metros después, no obstante, encontramos una barraca a la izquierda del camino con restos de muros encima. Después de una pequeña subida vemos más restos de muros a la izquierda y (no podía ser de otra manera), una nueva barraca. Seguimos adelante a punto de dirigirnos definitivamente hacia la masía, pero nos vemos obligados a detenernos de nuevo. Un mojón nos indica la situación de otra barraca a la derecha del camino. Pese a estar tan cerca, esta barraca queda oculta entre la vegetación que, de hecho, cubre la mayor parte de las pequeñas construcciones de piedra seca que constituyeron la base material del cultivo de la vid. Como estamos comprobando a lo largo de esta excursión, estas construcciones quedan al descubierto después de un incendio. Vale la pena visitar esta barraca, que, a diferencia de las demás, es de planta cuadrada.
La barraca rectangular de Casajoana es la mayor y más alta de las que hemos visitado, y se encuentra en un perfecto estado de conservación, en parte a causa de recientes trabajos de restauración. En su interior cuenta con una chimenea y unos estantes. Por lo demás, lo más destacable es la dificultad constructiva que supone enlazar su planta cuadrada con la forma circular de la vuelta que la cierra. Esto se conseguía con el uso de conchas, piedras colocadas en los ángulos de la planta cuadrangular, de forma diagonal, de manera que éstos se iban limando.
Antes de irnos nos fijamos en el muro que se encuentra en la parte posterior de la barraca.
Al volver a la pista, giramos bruscamente hacia la derecha, cruzamos el curso del torrente de Casajoana y, finalmente, nos dirigimos hacia la masía rodeada de antiguos campos escalonados y en otro tiempo cultivados. Una esplendida panorámica de Montserrat hace las funciones de telón de fondo. La masía Casajoana fue propiedad de los Desfar, señores feudales de Rellinars a partir del siglo XV, y durante los siglos XVIII y XIX participó plenamente en la expansión de la vid, como lo demuestran los muros y las barracas de piedra seca que encontramos en sus parajes.
Dejamos la masía e iniciamos el descenso de retorno a la iglesia de Sant Pere y Sant Fermí, disfrutando del conjunto de construcciones y campos de Casajoana a nuestra espalda y admirando, a la izquierda, los riscales de la línea de cresta del camino Real, así llamado por el antiguo camino Real de Barcelona a Manresa que transcurre por ahí. Este camino fue famoso por ser uno de los escenarios preferidos de los bandoleros durante los siglos XVII y XVIII.
Unos minutos más tarde llegamos a un camino asfaltado que seguiremos hasta tomar una nueva pista forestal que nos devuelve al punto de inicio.

Seguid el plano y disfrutad de la ruta, aproximadamente 10 km toda la vuelta.

19 abril, 2008

Rutas - Font de la Pola - Coll d'estenalles

Font de la Pola

Iniciamos el itinerario desde el parquing cercano al Coll d'estenalles, donde dejamos el vehículo. Nos aproximamos al Centro de información y cruzando la carretera ya nos encontramos con el GR - 5 . Subimos por el hasta el Mas de La Mata , aprovechamos para observar el Montcau, que desde aquí presenta una estampa impresionante. Si subimos por detras del Mas, al turo, podemos visitar la Capilla de San Jaume , desde aquí se tiene una perspectiva de los Pirineos inmejorable y nevados, después descendemos por el otro lado y alcanzamos de nuevo el GR - 5. Avanzando un poco mas cruzamos una plazita de encinares, la cruzamos y seguimos adelante siempre fijándoos en las marcas rojo-blancas del GR - 5. Las vista durante el recorrido permiten observar desde una posición privilegiada muchos puntos de interés, como por ejemplo: Montserrat, el Turo de la Pola, Castell Sapera, Mura, El Bosc, Las Porquerisses, La Espluga etc. Siguiendo el GR - 5 nos hace llegar hasta el Coll de tres Creus justo debajo del Turo de la Pola.




Ahora descendemos por la pista hasta el primer cruce de caminos, el de la izquierda es la continuación del GR - 5, el de la derecha marcado con la cruz roja - blanca es el que tomaremos ya que nos llevara en dirección a las Porquerisas. Llegados a la primera curva muy pronunciada a la derecha donde reposan una expectaculares moles de conglomerado seguimos el camino, ya pronto veremos como un sendero sale hacia la derecha aproximandose a la pared de roca y nos lleva hacia la font de la Pola . Para la vuelta deshacemos el camino.

Seguid el plano y disfrutad de la ruta, aproximadamente 12.5 km toda la vuelta.

12 abril, 2008

Rutas - El Puig de la Creu - Castellar del valles

El Puig de la Creu
Rutas - El Puig de la Creu Kilómetros: 9,3 - Dificultad: Baja - Salimos de la fuente de la plaza Mayor. Subimos por la calle del General Boadella, la plaza Mestre Gelonch y la calle de Sant Llorenç hasta la calle de Canyelles; una vez en esta calle, cogemos el callejón de la derecha, y andamos entre huertos hasta encontrar una pista forestal más ancha, y marchamos hacia la izquierda. Unos metros más adelante encontraremos un cruce, pero nosotros continuamos por la pista principal unos 100 metros más, por coger el camino que sube a mano derecha. Llegamos a la Font dels Casots. Continuamos por el sendero que sale por la izquierda, volvemos a la pista y continuamos hacia la derecha. Llegaremos a un cruce que lleva A Mas Canyelles. Dejamos el cruze de la izquierda y continuamos por la pista hasta llegar a la Font dels Gossos. Nos encontraremos otro cruce. Dejamos la pista y cogemos el sendero que sube a la derecha. Lo seguimos dejando pequeños senderos que vamos encontrando a mano derecha. Topamos con otro cruce y giramos por el sendero de la izquierda. Llegamos a la pista y continuamos hacia la derecha hasta el Puig de la Creu. Es recomendable dar la vuelta a la ermita y observar la amplia panorámica. Volvemos a marchar por el camino que hemos venido. Andamos sólo unos metros, hasta llegar a un sendero que baja a mano izquierda, y seguiremos las señales amarillas. Llegamos a la Font del Gurri.



Continuamos por el sendero de la izquierda, que se encuentra algo antes de llegar a la fuente. Giramos a la derecha hasta topar con un nuevo cruce, dónde también giraremos a la derecha. Aquí dejaremos las señales amarillas. Continuamos y, a poco más de un kilómetro, llegaremos a Can Padró. Continuamos recto, por el camino que hay entre la balsa y la casa, en dirección a Castellar, al lado de campos, y siguiendo los senderos, que nos llevaran hasta la Font del Cosidor. Siguiendo por este camino llegaremos al núcleo pasando por el lado del Colegio El Casal. Aquí dejaremos el camino y cogeremos la desviación hacia la derecha hasta llegar a l'Era d'en Patasques. Bajamos por la calle del Puig de la Creu, continuamos escaleras abajo por la calle del Centro hasta la plaza Mayor, dónde hemos iniciado el recorrido.

Seguid el plano y disfrutad de la ruta, aproximadamente 9,5 km toda la vuelta.